|
|
CADA procesión tiene su belleza, su emoción especial; cada una es un poema insuperable, entre los que es difícil elegir. El poeta José Domingo de Mena supo indagar en el alma de la Semana Santa sanroqueña, hecha de devoción e historia. Como sus imágenes, la celebración se fue tallando en el tiempo, acumulando sentimientos para hacerse tradición, para que fuera el pueblo el que se confundiese en su propia energía, en la llamada de cada año. En las tardes que el sanroqueño mira más al cielo y más reza el pensamiento.
Es el mismo pueblo que hace tres siglos abandonó su tierra gibraltareña, tras la ocupación británica. El pueblo que perdió sus posesiones, pero no aquellas imágenes que tanto veneraba. Viejas y nuevas cofradías son las herederas de las que aglutinaban a aquel pueblo, no sólo como sentir religioso, sino como colectivo hermanado y solidario.
Desde la primera procesión organizada por el cura de la ermita de San Roque, Francisco Román Murillo, con las imágenes traídas de Gibraltar por Diego Ponce, el 17 de enero de 1715, el pueblo hacía una promesa de mantener viva las tradiciones que existían en el Peñón desde tiempo inmemorial. Cinco años más tarde, hubo un cabildo conjunto de las cofradías de la Soledad y Santo Entierro, Cristo de la Columna, y Vera Cruz, solicitando de las autoridades eclesiásticas la entrega de alhajas y otras pertenencias de las referidas hermandades que, en muchos casos, se hallaban dispersas.
Es clara y determinante la decisión de continuar con las cofradías y las procesiones como expresión externe de la devoción religiosa, al mismo tiempo que como elemento aglutinador de un pueblo exiliado y esperanzado en volver a sus hogares.
Inmerso en esa perspectiva de identificación con lo que le era propio, debe enmarcarse la acción que permitió la recuperación en 1722 de la venerada imagen de Jesús Nazareno. Los marinos genoveses se habían hecho cargo de ella tras la ocupación en dicha plaza. Por medio del obispo Amengual de Mota se consiguió que el Nazareno fuese traído en andas hasta terrenos de San Roque, al lugar conocido por Benalife y desde allí hasta la parroquia. Se desconoce el trato a que se llegó con los genoveses, pero éstos exigieron su devolución. Cuando el Cristo iba a ser devuelto, el conde de Montemar, comandante general del Campo, desplegó fuerzas para impedirlo, permaneciendo la imagen de manera definitiva en San Roque. Para los vecinos de la joven ciudad sanroqueña, la acción había sido el más justo de los rescates.
|
|
|
|
|
También son mujeres las que portan la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor. Talla que llegó a la ciudad en 1909, donada por el vecino Francisco Montero y su esposa Juana de Sola. Junto a Nuestro Padre Jesús en la Oración del Huerto, forma cofradía asumida por jóvenes, en la que la ilusión y el trabajo continuado comienza a dar sus frutos.
Viejas imágenes como el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, que fue el Cristo de la Columna en Gibraltar. Conocido popularmente como el Señor de la Caña, por la que porta de plata en la mano izquierda, y que fue obsequio del cofrade Manuel Collantes, en 1918.
Jesús Nazareno, al que ya me he referido, y su madre María Santísima de los Dolores. La del Nazareno es una antigua cofradía, pues se tiene datos de su existencia en 1671 en el convento gibraltareño de San Francisco. Existe en San Roque una especial devoción por este Cristo, hasta el punto de que no se permitió su salida para una exposición que en torno a Gibraltar tuvo lugar en Madrid, en 1955.
La Virgen de los Dolores fue traída desde Málaga por el brigadier Ildefonso Matilde Monesteiro, en 1828. Posteriormente, en 1900, en la academia de Carmen Cantelmi, bajo la dirección de Consuelo y Francisca Mateos, fue bordado el primer manto y la saya, que se le hicieron en la ciudad. Hoy, otras mujeres sanroqueñas han tomado el relevo, y hacen que la Semana Santa lleve la impronta de la artesanía local.
El Nazareno y la Virgen de los Dolores son sinónimo de Jueves Santo y de Encuentro. No sólo del encuentro ante la tragedia cierta de Jesús, también del que protagonizan muchos sanroqueños con estas imágenes, con sus propias raíces.
|
|
|
DECLARADA DE INTERÉS TURÍSTICO NACIONAL DE ANDALUCÍA
|
|
|
|
|
Desde que se reiniciaron las procesiones, existía un deseo de completar la Pasión y Muerte de Cristo en el desarrollo por las calles. En este sentido, el párroco José Font de Benito, consiguió en 1923 incorporar las imágenes de Nuestro Padre Jesús en la Oración del Huerto y Nuestra Señora de las Angustias. Era una demostración más del empeño de superación de una Semana Santa, que ya tenía renombre en la zona, y que era cita obligada de numerosos campogibraltareños. Formaron parte estas imágenes de la única cofradía formalizada de la época, la de Jesús Nazareno. Posteriormente, al igual que el resto, formaron las suyas propias. Hoy, la cofradía de las Angustias, recoge el fruto de un esfuerzo continuado, de ser pionera en la incorporación del elemento juvenil. No en vano, también se denomina Cofradía de la Juventud.
Esta Piedad, que tiene en su estación de penitencia del Miércoles Santo, su día grande, sigue siendo la misma que en las fotos antiguas se muestra, a pesar de la forma sencilla de su exorno y de esos tronos, más parecidos a simples peanas. Es la misma, pero también ha registrado los grandes cambios producidos en todos los pasos: un trono impresionante, un adorno floral que da colorido y vida, contrastando bellamente con la representación de la muerte.
La Oración del Huerto tiene su propia hermandad y está en pleno crecimiento. Sí, también es la misma que llegó desde la localidad catalana de Olot en los años veinte, pero lo austero de su paso, fruto de los tiempos difíciles, dieron relevo a otros más esplendorosos, donde lo andaluz: su genio y su arte, se expresan en el conjunto. Porque estamos en Andalucía, y estamos en San Roque, donde las mujeres pedían flores en las huertas para poder adornar los pasos cuando la situación y los tiempos eran menos propicios. La diferencia de los tronos, permiten hoy mostrar el arte floral de camaristas, verdaderos sabedores de la luz andaluza. De la alegría y de la tristeza.
Conjugar lo antiguo y lo nuevo es saber sacar la savia de las cosas. La Semana Santa sanroqueña es buen ejemplo de ello. Tal vez radique ahí su mejor apuesta para el futuro. Imágenes nuevas como el Medinaceli, tallado en 1985 por José Ovando Merino, que comparte titularidad cofrade con una antiquísima Virgen, la Merced. La mujer, presente en la Semana Mayor de la ciudad, tiene en esta cofradía uno de sus pilares más significativos. Llevando la Merced fueron las primeras costaleras de España. También aquí se rompió la exclusividad masculina, porque nadie podía quedar fuera de esta expresión popular y abierta. De presencias y sentires diversos, de diferentes formas de vivir y sentir la pasión.
Costaleros y Costaleras. No pueden entenderse estos días sin ese esfuerzo, esa presencia. Herederos de aquellos otros, que desde las fotografías sepias parecen observan un tiempo que aún estaba por venir. Aquellas reducidas cuadrillas para los pequeños tronos, estaban lejos de este presente, donde es un orgullo estar bajo los varales de cualquiera de los pasos, donde los cada vez más enormes tronos ofrecen una auténtica acción de penitencia. Pero también aquellos forman parte de la historia de la Semana Santa sanroqueña, y con humildad y justicia figuran en estas páginas.
|
|
|
|
El Calvario o Cristo de la Vera Cruz es una antigua cofradía de Gibraltar. Conocido en la antigüedad como Cristo de las Aguas. Con datos de 1610 sabemos que contaba con iglesia propia en la calle Real de aquella plaza. Luego, en San Roque era habitual la procesión de la imagen, tanto para implorar ante las sequías como para solicitar la protección por las continuas epidemias que asolaban la zona. El misterio lo completan las imágenes de la Dolorosa, San Juan Evangelista y Maria Magdalena, también procedentes del Peñón. Lo que más se asemeja a sus antiguas procesiones es la estación del Viernes de Dolores, que sin andas recorre el casco viejo de la localidad. Actualmente, al igual que el resto de cofradías, su trono y enseres elevan a la imagen con los exornos adecuados. Pero nunca ha olvidado su origen, del que se sienten especialmente orgullosos sus hermanos cofrades.
Otro Cristo con muchas devociones es el de la Buena Muerte. Fue tallado a principios de los cincuenta por el insigne imaginero sanroqueño Luis Ortega Bru, que utilizó a varios vecinos como modelo, así como la madera de un ciprés del cementerio local ¿cabe más sanroqueñismo en una imagen?. La hermandad cuenta con una gran solera y ha sabido superar todas las dificultades. En esa línea, cuenta ya con una talla de Virgen, la Amargura, que a buen seguro el próximo año podrá acompañar a su Cristo, a su hijo, derramando tristeza y cariño por las calles de San Roque.
Y si el dolor tiene nombre, en San Roque, se llama Nuestra Señora de la Soledad. Detrás de Cristo Yacente, en la urna de plata que en 1923, donara Francisco Rendón. Ambas imágenes fueron traídas de Gibraltar, donde existía su cofradía. La Soledad cierra las procesiones sanroqueñas. De ella es la madrugada es el silencio. También la devoción de muchos sanroqueños.
La Semana Santa sigue viva en San Roque, sabiendo separar la paja del trigo. Deja en el camino lo que va perdiendo sentido y no le importa recuperar lo que en otro tiempo existió, si realmente merece la pena. Este año vuelven los romanos, aquella tradición debida al sacerdote José Amo, que la inició en 1898. Muchos volverán a recordar al famosa toque de cornetín de José Fernández Salas Sevillano, y los más antiguos al popular capitán de centuria Andrés Sánchez Coca.
La aspiración de la Junta Local de restaurar las imágenes es hoy una realidad, gracias a la aportación económica del Ayuntamiento. La celebración tampoco quiere limitarse a los actos religiosos, desde hace unos años viene desarrollándose un programa cultural con conferencias, exaltación de la saeta, exposiciones y conciertos. A ello, hay que unir la importancia adquirida por el pregón oficial, verdadero acto social, antesala de los días que se aproximan. Sin duda, la Semana Santa ensancha San Roque, y lo hace respirando sus mejores aires.
TEXTO
Antonio Pérez Girón
Cronista Oficial de la Ciudad
|
|
|
|